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Muchos de los turistas que vienen a Zahara
desconocen la rica historia que descansa
en las arenas de estas playas. Para los curiosos es interesante
saber que fueron ya los fenicios los
que pusieron el ojo en esta costa, atraídos sobre todo
por su riqueza pesquera, y en particular por el atún.
Los romanos continuaron con esta tradición,
y llenaron los palacios de los ricos de Roma con el delicatessen
más deseado: el garum, una salsa a base
de pescado.
Los árabes continuaron con la tradición
pesquera, y posteriormente, tras la reconquista, se establecieron
las primeras concesiones de almadraba, arte de pesca que
atrapa en un recinto cerrado al cardumen de atunes para
su posterior extracción manual.
Estas almadrabas, y el movimiento económico
y social que generaron, son el origen del pueblo de Zahara
de los Atunes.
Ser almadrabero en esa época era un oficio duro, y no
pocos de ellos fueron ex convictos o gentes de mal vivir
a los que se “desterraba” a esta zona como castigo. Estas
costas eran objeto de constantes ataques de los piratas
moriscos, y las posibilidades de morir o de ser
atrapado como esclavo eran elevadas.
Por estas razones, se construyeron distintos baluartes
defensivos, entre los que destaca el todavía visible Castillo
de Zahara, construido en el siglo XVI, no solo
como edificio defensivo, sino también como residencia
de nobles y reyes que venían ya a Zahara para visitar
las almadrabas. Este castillo es nombrado en la obra de
Cervantes “La Ilustre fregona”.
La pesca y la miseria han definido la vida de los habitantes
de la zona durante siglos, que con el boom turístico
de los años 60 y la consolidación actual de Zahara como
destino puntero de Andalucía, han encontrado un excelente
recurso para explotar los encantos de estas playas.
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